Las Terrenas es la escapada obligada de la costa norte y está a menos de una hora del pueblo de Samaná. Fue un caserío de pescadores hasta que se instalaron franceses e italianos, y hoy es el lugar más cosmopolita de la península, con panaderías, restaurantes sobre la arena, mercados y una noche que se estira. Sus playas se encadenan una detrás de otra: Las Ballenas, Bonita y Cosón, esta última larguísima y casi vacía. Se llega por un camino de montaña con túnel, sinuoso pero en buen estado.
Las Galeras está en el extremo este y es el opuesto exacto de Las Terrenas. Media hora larga de camino desde Samaná y llegás a un caserío de pocas calles frente a una bahía calma, con lanchas de pescadores varadas en la arena y un puñado de restaurantes. Sirve como base para el arco de playas más agrestes del país y como parada para almorzar pescado sin apuro. Es el punto de partida de las lanchas que llegan a las playas que no tienen camino de acceso.
Playa Rincón es la excursión de playa más redonda de toda la zona. Kilómetros de arena clara encerrados entre el cabo Cabrón y la selva, cocoteros hasta la orilla, un río de agua dulce donde refrescarse y unos pocos ranchos que fríen pescado. No hay hoteles ni sombrillas alineadas. Se llega en lancha desde Las Galeras o por un camino de tierra que exige vehículo alto, sobre todo después de lluvia, y por eso mucha gente prefiere resolverla con excursión organizada.
La cascada del Limón y la costa brava del norte se visitan en el mismo día. El salto está en el interior montañoso y se sube a caballo o a pie por senderos de barro, con guía local, hasta una poza de agua fresca. En esa misma franja de costa hay playas encajonadas entre acantilados a las que solo se llega navegando, como Onda y Ermitaño, que se recorren con la excursión a las playas Onda y Ermitaño.
El Parque Nacional Los Haitises está enfrente, cruzando la bahía, y es un mundo aparte. Mogotes de piedra caliza cubiertos de vegetación saliendo del agua, kilómetros de manglares, colonias de aves marinas y cuevas con pictografías y petroglifos taínos que se visitan con guía. La navegación desde Samaná lleva alrededor de una hora y el parque solo se recorre en bote. Si querés hacerlo sin grupo grande, existe la excursión privada a Los Haitises.
Cayo Levantado es la parada corta que casi siempre se combina con otra cosa. Es un islote a pocos minutos de navegación del muelle, con arena blanca, agua transparente y palmeras, del que una parte está ocupada por un complejo hotelero y otra queda abierta a los visitantes de excursión. Funciona muy bien como cierre de una mañana de ballenas o de manglares, con un baño de mar y un almuerzo, y no da para mucho más que eso.
Río San Juan es la excursión larga, ya fuera de la península, y vale para el que tiene días de sobra. Está al oeste por la costa norte, a un par de horas de auto, y ofrece un paisaje distinto: la laguna Gri Gri, con su túnel de manglares recorrido en bote, y playas de arena fina y agua turquesa a pocos minutos del pueblo. Es un día completo de ruta, así que conviene solo si te quedás una semana o más. Todo el mapa está en lugares cerca de Samaná.
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