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Samaná

Samaná - República Dominicana

Como llegar a Samaná

Desde Argentina no hay vuelo directo a Samaná y conviene asumirlo desde el principio. El viaje se arma siempre en dos tramos: primero un vuelo internacional a República Dominicana, con escala habitual en Panamá, Bogotá, Lima, San Pablo o Miami según la compañía, y después un traslado terrestre o un vuelo interno hasta la península. Contando esperas, la mayoría de los argentinos llega a Samaná al día siguiente de haber salido de Buenos Aires, así que la primera noche conviene reservarla sin excursión.

La península tiene aeropuerto internacional propio, El Catey. Está sobre la costa sur, a unos cuarenta kilómetros al oeste de Santa Bárbara de Samaná y a distancia parecida de Las Terrenas, y recibe vuelos internacionales estacionales, sobre todo chárteres de Canadá y de Europa durante el invierno del hemisferio norte, que es justo la temporada de ballenas. Es una terminal chica y tranquila, sin la maquinaria de Punta Cana, y fuera de temporada puede tener muy poco movimiento.

La puerta de entrada real para el viajero argentino suele ser Santo Domingo. Desde el aeropuerto de Las Américas el trayecto por ruta hasta Samaná ronda las dos horas y media o tres, según el tránsito de salida de la capital, combinando la autopista del Nordeste con el bulevar turístico del Atlántico. Son rutas modernas, en buen estado y con peajes, con estaciones de servicio y baños en el camino. Es el traslado más previsible de los tres y el que menos sorpresas da.

Desde Punta Cana también se puede, pero es un día entero de auto. El recorrido más usado sube hasta la autopista del Nordeste rodeando Santo Domingo y se toma alrededor de cuatro horas o algo más, y existe una alternativa por el interior, pasando por Hato Mayor y Sabana de la Mar, con tramos de camino bastante peores. Si estás cerrando un viaje que empieza en Punta Cana y sigue en Samaná, resolvé el traslado antes de viajar y no en el mostrador del hotel.

Para el traslado hay tres caminos y cada uno tiene su trampa. El auto de alquiler te da libertad total para las playas del norte, pero implica manejar de noche en rutas sin banquina y sin iluminación, algo que no recomiendan ni los locales. Las guaguas y los minibuses son la opción económica, aunque lentos y con transbordos. Y está el traslado puerta a puerta contratado, que es lo más simple si llegás con equipaje y cansado: se reserva como traslados en Samaná.

Moverse dentro de la península es otro tema y hay que presupuestarlo aparte. El camino entre Sánchez, El Catey, Las Terrenas y Samaná es de montaña, sinuoso, con curvas cerradas, túnel incluido en un tramo y sectores donde el asfalto está roto. Dentro de los pueblos funcionan los motoconchos, esas motos que hacen de taxi, prácticos para distancias cortas pero sin casco ni seguro. Para las playas del extremo este, muchos accesos son de tierra y después de una lluvia fuerte se ponen difíciles.

Queda una opción que casi nadie tiene en el radar: cruzar la bahía en lancha. Entre Santa Bárbara de Samaná y Sabana de la Mar, en la orilla de enfrente, hay servicio de embarcaciones de pasajeros que ahorra el enorme rodeo por tierra y de paso te regala una travesía con vista a los mogotes de Los Haitises. Es un servicio chico, sujeto al estado del mar, así que sirve como plan y no como certeza. Todos los detalles del acceso están en cómo llegar a Samaná.


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